17 de Abril de 2022
Nos encontramos de casualidad en la banqueta por fuera de la casa donde pasé mi infancia… yo salía y ella pasaba. Y después de hablar sobre diversos temas casuales, mi madre me vuelve a repetir una inquietud que ya varias veces me ha dicho con toda la mejor intención y todo el amor que pueda venir de ella: "Me gustaría tuvieras tu pareja".
Yo le contesto que esté tranquila, y la cuestiono sobre qué le preocupa. Le digo que estoy bien, que soy feliz, que tengo una vida plena, muchos amigos, he viajado por el mundo, estabilidad económica, etc, además de muchos otros planes en puerta que me emocionan y me llenan de satisfacción.
Sin embargo me llama mucho la atención esta preocupación genuina no sólo de mi madre, sino de muchas otras mamás de esta generación.
Claro que quiero enamorarme otra vez, haberlo hecho en el pasado me ha dejado lleno de grandes experiencias y mucho crecimiento, pero ciertamente eso no depende de mí, o por lo menos no el cien por ciento. Y lo confirmo con hechos concretos: he estado saliendo con chicos que me pretenden, frecuento diversos grupos sociales en donde constantemente estoy conociendo gente nueva, y emocionalmente me siento estable para comenzar una relación. Pero definitivamente no andaré con alguien sólo “para no estar solo", no voy a forzar lo que se debe dar natural.
Sé que nuestros padres no han sido los mejores modelos a seguir, pero aún así yo elijo luchar por los grandes ideales de pareja, y no me voy a detener en esa meta.
Y mientras tanto seré feliz, a pesar de que pase el tiempo y que durante “ese tiempo” no todo lo que yo quiera se logre... no poder “tener” algo, no es sinónimo de ser infeliz (sobretodo cuando eres consiente de que has puesto todo de tu parte).
No es extraño mirar a mi alrededor y ver que muchos amigos están viviendo en soledad. Héteros, divorciados, padres solteros, hasta algunos viudos... están solos!!! Algunos viviendo en esta situación por muchos años. El estar soltero es una cosa que muchos compartimos en estos tiempos.
Irónicamente anhelamos una relación estable, pero no entendemos de compromiso o de generosidad, no sabemos lo que es deferencia o sacrificio… no entendemos ni siquiera a ciencia cierta qué es amor. Inclusive algunos quieren tener una pareja, pero vivir como si estuvieran solteros, desconocemos la agencia mutua.
¡Los procesos emocionales son tan diversos! Algunos logran acumular muchas relaciones casuales, pero pasajeras y algunos (los menos frecuentes) logran varias relaciones estables que duran uno o varios años, pero que finalmente fracasan. Todos en un torbellino de situaciones similares en donde el aburrimiento y el cansancio sólo pueden ser subsanados por la novedad de una nueva pareja. Y luego en otra… qué más da! Sobretodo ahora que están en boga las relaciones abiertas y el poliamor (que por cierto hasta ahora no he visto a nadie -incluyendo por igual a influencers o intelectuales- que dejen de estigmatizar y pisar a la monogamia para mantenerse en el pedestal donde están, colocados ahí como una moda que parece le cayó como anillo al dedo a la generación de los centennials).
Hasta ahora no he encontrado a un sólo autor que hable de las grandes “virtudes u objetivos consientes” que deberían cultivarse en TODAS las relaciones: como por ejemplo la madurez emocional, el consentimiento, la responsabilidad afectiva, la honestidad, la comunicación asertiva, humildad para reconocerse imperfecto, voluntad para apoyarse en el crecimiento mutuo, tan sólo por mencionar algunos. La relación perfecta es aquella que tu decidas que sea, si ambos ponen el corazón y la mente en ello.
Yo he querido mucho a mis parejas, he amado en un caso en particular, y aunque se que al final de mis días (y si es que llego a viejo) recordare (y recapitulare) a todos y cada uno de ellos con mucho cariño, y a todos ellos los valoraré por lo que me dieron en su momento. Sin embargo sí anhelo verdaderamente una pareja con quien pasar un buen tiempo juntos, y por “buen tiempo” me refiero a años, MUCHOS... y aunque suene hasta tonto en estos días, anhelo permanecer con esa persona hasta que “la muerte nos separe”, hasta miedo me da de parafrasearlo así en estos tiempos.
Obviamente sé que ello no será fácil, sé que habrá muchos conflictos, mucho dolor, muchas dificultades, muchas envidias, personas que quieran hacer daño... sin embargo también sé que habrá mucho entendimiento, mucha reconciliación, mucho crecimiento, mucho gozo y alegría, personas que se alegrarán con nosotros y sobretodo, mucho amor. Vivimos en tiempos de hedonismo en donde el sufrimiento es muy mal visto, estamos olvidando que en nuestra vida es muy necesario… para crecer, para sanar, para avanzar.
Yo sigo creyendo que el amor todo lo puede... o mejor dicho que con sustento en el amor todo se puede: entendiéndolo como un amor sin egoísmos, un amor que respeta la dignidad del otro, un amor que comienza por amarse a uno mismo, un amor que busca soluciones, un amor que analiza alternativas, un amor que contempla sanarse mutuamente, un amor que se revele ante este mundo de espejismos, de temporadas, de modas.
Porque el amor al fin de cuentas sigue siendo el mismo de siempre. Los poetas siguen escribiendo las mismas historias, los cantantes siguen entonando las mismas letras, y hoy tenemos hasta a Bad Bunny vendiendo los conciertos más caros del mundo porque sus álbumes giran en torno al mismo y eterno tema, el AMOR.
Es curioso porque a pesar de que nuestros padres no nos han dado el mejor ejemplo, de ellos sabemos que de 1+1 siempre obtendremos un número más grande, de ellos hemos conocido el éxito de la coordinación, o del trabajo de equipo, o de los grandes avances en los proyectos de vida que conlleva el unir fuerzas en pareja.
Pero bueno, entiendo también que las cosas no siempre se pueden, y ante la falta de posibilidades, ante las inseguridades nuestras y las de nuestra pareja, ante el gran respeto que se le debe tener a la libertad del otro cuando nos abandona, o ante la imposibilidad de seguir aguantando el dolor que el otro nos infringe de manera repetitiva... Uno tiene que ser feliz en la soltería, en la soledad, entre los amigos, entre los planes, entre los viajes, entre los años... el tiempo pasa y no regresa ni un sólo segundo. Y como dijera Jaime Sabines, nos toca vivir, vivir, vivir.
Nos toca despertar la conciencia, sanar las heridas con nuestros padres, hacer las pases con nuestros hermanos, no repetir patrones tóxicos con nuestros hijos, hacer deporte, comer sano, leer un libro, cuidar una planta, ir a bailar con los amigos, invitar a tu ligue a salir, superar a tu ex, trabajar dando lo mejor de ti, buscar un terapeuta para tratar eso que te duele, aprender de nuestros errores, reconocer sin vanagloria nuestras virtudes, salir a la naturaleza, ayuda a alguien que pase hambre, cuidar a algún enfermo, abrazar por lo menos a una persona diariamente, dormirte no sin antes agradecer las bendiciones del día. Ser la templanza andando, cultivar la paciencia y la perseverancia... Vivir el dichoso amor con mucha dicha.
Renegado Robledo
PD: Esta edición se la a dedico a todos mis lectores solteros, especialmente a Carlos que en nuestra última reunión cuando le pregunté si tenía novia me dijo: "no caray"... y se notó un sesgo de enojo, desencanto y desesperación. A ti mis palabras. Encuentra luz y sigue adelante.
Película: Dark Water, fue sorprendente darme cuenta que hasta posiblemente yo estoy siendo envenenado.
Canción: Sinnerman, un gran remix de la gran Nina Simon, por Sofi Tukker.
Video: The Road Not Taken, una reflexión de Robert Frost.
Conferencia: The brain in love, Helen fisher nos presenta los resultados de un estudio muy profundo sobre personas enamoradas.