domingo, 26 de agosto de 2018

Informatonio 64: El humo en espirales




26 de Agosto de 2018

Hoy es un día común y corriente, sin embargo salí a fumar un cigarro al patio, cosa rara, pues no fumo más que una vez cada seis meses aproximadamente. Dicho antojo viene de la mano con el reflexionar mucho, porque normalmente salgo y me quedo contemplando el silencio, veo la gente pasar, los arboles moverse con el viento y la luz de mi cigarro. Y en medio de esta fotografía se me ocurrió escribir una vez más.

Confieso que a veces me gana la desidia y muchos temás pasan a la historia como tentativos y nunca los desarrollo, sin embargo hoy que salí a fumar me puse a pensar precisamente sobre el pasar del tiempo y sobre qué ha pasado sobre este tiempo, valga un poco la redundancia.

Me he puesto a pensar que mi vida ha dado un giro de 180 grados desde hace diez años: en aquel entonces estaba teminando mis dos años de misionero católico, el tan sólo pensar en pertenecer a la comunidad LBGT para mi era impensable, sobretodo porque me había convencido de que eso era lo peor del mundo. Daba conferencias sobre Cristo y temas de moral a muchos jóvenes y niños. No niego que fue muy enriquecedor, muy valioso. Aprendí a amar la loable labor de enseñar. Pero también recuerdo a algunos jóvenes que se me acercaron con ésta inquietud en “dirección espiritual” y obvio traté de disuadirlos. Yo no sólo iba en contra de lo que sentía, sino que además impulsaba una agenda para que los demás negaran su esencia. Comencé el 2008 viviendo en Monterrey para luego irme a vivir a Guadalajara donde empecé a trabajar en un organismo que se llamaba “Familia Unida”, lugar donde llegué a promover actividades para jóvenes que buscaban “curarse” de lo que yo pensaba en ese momento era una “enfermedad psicológica”. No ahondaré más en el tema, pero es un recuerdo de hace 10 años.



Fue una epoca muy buena porque mi hermana se fue a vivir conmigo y aprendimos a pasar retos juntos, nos conocimos más, nos fuimos descubriendo en diferentes etapas. Poco después mi prima Alejandra se unió al club trayéndonos compañía de familia en una ciudad tan grande como Guadalajara. En ese temporada también tomé un curso de animación en 3D, y tenía los ideales de irme a estudiar al extranjero, aunque no había puesto nada de mi parte para hacerlo.

En fin, el tiempo pasa. Es maravilloso que hasta ahora muchas de esas personas siguen estando en contacto, a veces por teléfono, a veces por facebook y a veces porque los veo en mi ciudad natal. Algunas personas tristemente han fallecido y otras se han sumado a una lista de nuevos lugares y experiencias.

Mis niños ya crecieron todos, ahora son unos hombres grandes, guapos, realizados. Inclusive algunos ya casados y con varios hijos. Algunos alcanzaron retos importantes como aquel que está jugando para una equipo de soccer de primera división en Mexico. Y otros están estudiando maestrías o doctorados en el extranjero, ¡inclusive en Toronto! y a quienes me ha dado gusto encontrarme por las calles. 

De los sacerdotes con los trabajé, algunos han renunciado a la Iglesia, algunos se casaron y tienen hijos, algunos estudian otra carrera, algunos se cambiaron de congregación.

En estos diez años también muchos amigos han salido del closet, han reconocido plenamente su sexualidad. Otros aún no, viven con el miedo al que dirán, al juicio.

Yo por otra parte ahora me reconozco como soy, me siento seguro de mi mismo. He aprendido a tratar de estar en los pies de otras personas sin juzgar, es decir a amar. Con el paso del tiempo también se han borrado las fronteras de edades con los primos más jóvenes, ya todos nos llevamos más y disfrutamos tiempo juntos.

Mirar diez años atrás es fácil, el mencionar todo lo que se aprendido no lo es. Tantas lecciones, algunas fáciles, algunas muy difíciles, pero todas han servido para hacerme crecer, sobretodo las complicadas… esas me han hecho retorcerme de llanto en algunos momentos, pero también han sacado a relucir a ese ser humano resiliente y lo han hecho más grande, más fuerte, más aguantador.

Después de terminar mi maestría en Canadá, Toronto se vislumbra que pasará a ser la ciudad en dónde más tiempo he vivido después de Tuxtla Gutierrez, quién lo hubiera pensado.

Tanto tiempo, lugares, personas… y coincidir, como bien dice la canción. ¡Que bendición tan grande! Gracias por ser parte de mi caminar y espero algún día encontrármelos. Saber que siguen ahí, saber de sus sueños y de sus alegrías. Que siguen adelante, dejando huella. Muchos haciendo el bien, ayudando a su familia, apoyando a la sociedad… todo eso para mi es motivo de un gran orgullo.

Muchas preguntas siguen, pero el tiempo dirá lo que falta y lo que tenemos que seguir dando. Es un misterio que algunos se adelanten en el camino, sin embargo si seguimos aquí hay que avanzar, para que en uno, cinco o 10 años miremos hacia atrás y podamos analizar otra vez por cuantas cosas hemos pasado. Y eso nos tendra que mantener con la esperanza de un mundo mejor en medio de las circunstancias que fueren.


Hace poco acabo de regresar de escalar de Banff, el lado oeste de Canadá, una zona que no conocía. Fui a conectarme con ese lado que tanto amo, la naturaleza. Creo que me hace recordar mi niñez de cuando iba de pesca y a cacería con mi Papá, yo creo que algo de eso se me quedó porque sigo disfrutando mucho salir y respirar aire puro, dedicarme momentos a mi mismo para reflexionar.


Fueron dos semanas en total. La primer semana fui a hacer montañismo con un amiga de Japon a una zona donde hay muchos animales silvestres, el Monte Assiniboine. Una experiencia muy buena: caminar más de 100 kilometros, 10 horas diarias, cargar 10 kilos sobre mi espalda, acampar en el monte, despertarse con esos paisajes preciosos de tanto verde, sin mancha humana. Sentirse pequeño en la magnitud de tanta belleza... para pensar y llegar a conclusiones de lo que quiero.

Y la segunda semana conectarme con el staff con el que trabajo, dedicarme a escalar en lugares que te quitan la respiración con sus vistas impresionantes: el Lago Louise es de un azul maravilloso, las paredes de escalar son tan altas y de piedras tan antiguas que impactan, dan miedo. Un tiempo de convivencia con mis compañeros de una manera más amigable, menos oficinesco.

Ahora ya regresé a Toronto a seguir con la vida. Estoy empezando el proceso para cerrar un duelo porque acabo de perder la posibilidad de empezar una relación con alguien que me interesaba mucho, supongo que no es el momento para estar juntos. Tuvimos la oportunidad de platicar, de sincerarnos. Y el me dijo que quiere que mantengamos la amistad solamente y yo lo respeto. Porque una relción es de dos, no de uno. Y a la fuerza ni los zapatos entran. Así es que no pasa nada, seguiré aprovechando las bondades de la soltería y cuando me toque formalizar con alguien, aprovecharé las bondades de la compañía.

Tengo ganas de seguir haciendo ejercicio, con todo lo que hice estas dos semanas yo creo que bajé más de siete kilos. Y quiero seguirme cuidando sobretodo porque uno se siente mejor,  y mi ropa me queda mejor y me siento con más ganas de estar activo. Voy a empezar a hacer otras cosas, a leer más. Acabo de eliminar muchas aplicaciones en el celular que siento que me están quitando el tiempo, la vida. Y empezaré a prepararme para Octubre, pues viene mi familia a Toronto por primera vez.

Y así la vida pasa, como el humo de un cigarro que en espirales sube al cielo, comiéndose segundos de este tiempo que se nos ha prestado para disfrutar esta vida.

Antonio Robledo

Video: When you are hopeless, con muy buenas preguntas de vida.

Canción: La gata bajo la lluvia, el concepto de dolor del corazón.

Conferencia: How to fix a broken heart, para los que sufren del corazón.

Película: The fountain, con el gran Hugh Jackman
Extra: Por los que no vieron mi video del oso: Click aquí