23
de Febrero de 2017.
Esta
es de esas cartas que no sé cómo empezar. Pocas veces escribo en la segunda
persona del singular. Pero siempre hay una primera vez y ahora ha tocado
contigo.
Siento
no haberte dirigido palabras con anterioridad, pues siendo honesto tu has sido
la más fiel de las compañeras, la que nunca se va. Me arrullaste de bebé y
ahora me acompañas cada día con su afán.
Sé
que injustamente en ocasiones me he olvidado de ti y te he ignorado a tal punto
que a veces pienso que no existes. Te ofrezco una disculpa, pues al haber
actuado de esta manera he dejado de pensar en mi prójimo, permitiendo que el
orgullo me ciegue y me encierre en un personaje invencible y ficticio.
Mucha
gente piensa precisamente que tu estás al final del camino, como si nuestra
vida fuera una carretera que se acaba en un abismo al que caeremos en nuestra
vejez. Sin embargo que equivocados estamos, pues nunca has estado al final, mas
desde el principio y con paciencia esperando el momento para llevarnos hacia ti,
no es requisito pues llegar a la tercera edad.
Y es que últimamente mi conciencia te ha tenido muy presente. Me has estado dando indicios de que estás conmigo más que nunca. De qué vives junto a mis desayunos en la mañana, en el asiento de a lado cuando voy en el coche, a la hora de dormir la siesta te haces espacio junto a mi, ejercitándome me susurras que la salud te hace los mandados, en la noche te recuestas en mi cama y junto a mi hombro siento tu aliento.
Y es que últimamente mi conciencia te ha tenido muy presente. Me has estado dando indicios de que estás conmigo más que nunca. De qué vives junto a mis desayunos en la mañana, en el asiento de a lado cuando voy en el coche, a la hora de dormir la siesta te haces espacio junto a mi, ejercitándome me susurras que la salud te hace los mandados, en la noche te recuestas en mi cama y junto a mi hombro siento tu aliento.
En
la noticias veo que recientemente te has llevado a gente importante, ahí está
Carrie Fisher, David Bowie, Juan Gabriel, Fidel Castro, Shimon Peres, Umberto
Eco. Entre mis amigos sales a relucir cuando me cuentan del chavo que murió
accidentado el fin de semana pasado; o del jefe de un tío que perdió rumbo a
Oaxaca a su hija y a su nieta pequeña después de que su coche diera vueltas en
un acantilado; o de aquellos jóvenes que murieron en la balacera mientras
disfrutaban la música de un antro en Cancún. Y en mi familia pues un golpe
certero al llevarte a mi abuela hace pocos meses. Es decir estás en todas
partes, eres la que está en boga.
En
México te veneramos de manera hermosa, te ponemos lentejuelas, encajes y
brillantes para adornar tus representaciones esqueléticas y siriquisiacas. Te comemos
en forma de postre con azucar y piloncillo. Nos honramos en disfrazarnos de la
huesuda catrina que se pone un chal para darnos tradición indígena. ¡Ah qué
viva te muestras Muerte querida!.
Yo
por mi parte te he visto rondar la casa de mi tía abuela diciédole al oido
“cada vez falta menos”. Vagas comunicaciones, pues la demencia cenil que mi
bella tía sufre hace años no ha dejado el mensaje en su memoria a largo plazo.
Es más, ella piensa en sus padres, hermanos y demás amigos adelantados y me
dice tiernamente con sus labios arrugados por la vida: ¡Una gran plática deben
de tener allá!.
Pero
bueno, te seré sincero, han sido hechos concretos los que me han hecho pensar en
ti con vehemencia: Cuando de niño perdí a llantos la inocencia y me di cuenta de
que mis padres no vivirán por siempre; o aquella vez que di vueltas en mi coche
en la carretera por no saber manejar con prudencia en mi pubertad; o cuando de
la nada se paralizó la mitad de mi cuerpo y no podía tener expresiones en mi
cara adolescente; aquella vez que me rompí los huesos a más de 100 km por hora
yendo a un examen universitario con mis amigos; como olvidar aquella sacudida
en el avión rumbo a Francia que nos dejó a todos los pasajeros pálidos e
introspectivos; o cuando en mi borrachera me estrellé con un semáforo en
Guadalajara; sin contar aquella vez en Canada que desperté bañado en sangre; o
más recientemente cuando hace semanas se dormía mi brazo izquierdo, y mi
corazón -miedoso de un fulminante paro cardiaco- ha sentido dolor por una taquicardia
inesperada y ansiosa.
Oh
que bien hago portando un anillo que figura un craneo, pues a la mano tengo un
recordatorio de que soy finito y algún día habré de hacerme polvo para cerrar
“El Ciclo” de los ciclos.
Gracias
por hacernos tanto bien. Ya lo decía Facundo Cabral, en paz descanse, que
cuando nos llega un diagnóstico duro para nuestra salud: “sólo pueden pasar dos
cosas y las dos son buenas. Si [la enfermedad] te gana, te libera del cuerpo
que es tan molesto; tengo hambre, tengo frío, tengo sueño, tengo ganas, tengo
razón, tengo dudas. Y si le ganas [a la enfermedad] serás más humilde, más
agradecido, y por lo tanto fácilmente feliz, libre del tremendo peso de la
culpa, la responsabilidad y la vanidad, dispuesto a vivir cada instante
profundamente como debe ser.”
Y recuerda
que los poetas te recitan de John Donne (1572-1631) una reflexión certera: “Muerte
no seas soberbia, porque tú no eres así, aunque algunos te han llamado temible
y poderosa (…) Tú eres esclava del destino, azar de reyes y hombres
desesperados (…) ¿por qué presumes, entonces? Pasado un corto sueño,
despertamos a la eternidad, y la muerte ya nunca será; muerte, tú morirás.”
Así
que no me despido, porque me dolería mansa e insoportablemente dejarte ir. “Entre
los escombros de mi alma, búscame, escúchame. En algún sitio, mi voz
sobreviviente, llama, pide tu asombro, tu iluminado silencio. Atravesando
muros, atmósferas, edades, tu rostro viene. Levántame. Porque he caído de tus
manos y quiero vivir, vivir, vivir. (Jaime Sabines)”.
Y no
me reproches lágrimas que ya “desdenantes” me has visto llorar.
R.R.
Frase:
“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd” Alphonse de Lamartine (1790-1869).
Imagen:
“Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” es un mural realizado por Diego
Rivera en 1947.
Canción:
“Viene la muerte echando rasero” poesía potosina por Lila Downs
Video:
Todo lo que te matará… de la A a la Z
Conferencia: "Qué es lo que importa al final de la vida" Por BJ Miller

Película:
Hasta los Huesos (Cortometraje Mexicano)




