22 de Febrero, 2018.
A menudo acostumbro a usar la frase de que “El tiempo lo
cura todo”, pero suelo también decir que lo difícil radica en que no sabemos el
periodo y la dosis necesaria para que “dicho tiempo” haga efecto, y esa es la parte
más complicada.
La vida es pues un proceso y ante las carencias nos
doblamos, entramos en crisis, lloramos sin remedio, nos llenamos de miedo, nos
revolcamos en la victimización y nos vemos minimizados como seres agraviados, cotidianamente.
Es en medio de esta pobreza interna que nuestras carencias sobresalen
por su resiliencia, es decir nuestras carencias demuestran que pondrán el dedo
en la llaga una y otra vez, sin cansancio. Nuestras carencias son persistentes,
nuestras carencias son astutas como serpientes. Si no te levantas te echan más
tierra encima y pareciera que fueran un pozo sin fondo, pues por más que
intentamos tocar base, no llegamos ni de puntillas.
Que si el salario que tengo no me alcanza, que ya no
aguanto a mis papás, que nunca me llegará el amor, que no encontraré un buen
trabajo, qué estoy muy gord@, que no puedo con mis vicios, que mi pareja es lo
peor, que no supero mis traumas de la infancia, que no tengo amigos, que no
dejo de enfermarme, que hace mucho frío (o calor), que no puedo quedar
embarazada, que me siento solo, que mis hijos son ingratos, que me asaltaron en
la calle, que sólo me rodean hipócritas, que no termino de pagar mis tarjetas
de crédito, que todos los hombres (y las mujeres) son iguales, estoy muy
cansado de vivir, ya no puedo pagar mi casa, no me alcanza el tiempo para
terminar mis pendientes, estoy desaprovechando mi tiempo… y una lista que
podría nunca terminar.
Nuestras carencias son resilientes: a mi me atacan todos
los días, me desvelan por las noches con dudas viejas y a veces hasta me hacen
llorar con cuestionamientos nuevos. Soy igual que todos, entro y salgo de mis
crisis constantemente. Más no por ello me voy a quedar con los brazos cruzados,
no por ello voy a dejar de encontrar alternativas y no por ello evitaré buscar
ayuda si no puedo yo solo.
Con cada año que pasa y con cada experiencia que vivo, no
dejo de agradecer lo que hoy soy y lo que he logrado superar. Veo hacia atrás y
veo un camino duro, ni mejor, ni peor que el tuyo. Veo mi camino, me voy
conociendo en las buenas y en las malas. Reconozco mis virtudes, me duelen mis
defectos. Enfermedades, dificultades, problemas, limitaciones… ¡caray que venga
lo que tenga que venir!, siempre y cuando estemos dispuestos a perseverar y que
el bagaje que tenemos nos sirva como bastón para sostenernos con paciencia.
Escucho sus penas y suspiro profundamente, veo sus dolores y
me cuesta tragar saliva, me confiesan sus sinsabores y sólo pienso en cómo
hacerle para que salgan avantes, pues no tengo como pagar las tantas glorias
que he pasado junto a ustedes, mi familia, amigos, amores y testigos.
No me queda más que tratar de corresponder la enseñanza de
aquellos que ya se me han adelantado, pero que fueron ejemplo al no claudicar. Ellos
se han ido, pero yo sigo aquí, aprendiendo como tu en esta gran aventura de la vida.
Por ello y por toda la gente que amas, sigue caminando.
!Todos los días y en cada momento las carencias seguirán
llegando a tu puerta, pero recuerda que tu capacidad de sobreponerte será siempre
mayor que ellas!. Si resiliencia viene del término latín resilio, que
significa «volver de un salto», pues prepárate a brincar más alto, más fuerte,
más lejos.
A.R.
Videos de personajes resilientes:
Canción: El Aguante - Calle 13
Conferencia: Volver a empezar – José Mújica
Película: La vida es bella

