8 de
Julio de 2017
Resuenta en mi mente la canción en inglés de Simon & Garfunkel
“the only living boy in New York” y parafraseando me digo: “Antonio, toma el
avión a tiempo y te irá bien. Mientras mi otro yo sigue aquí sobreviviendo. En
donde todas las noticias que necesito me las da el informe meteorológico... Todo
el tiempo nos estamos yendo y no sabemos a dónde”.
Y es que es muy facil regresar a refugiarme a donde siento
más estabilidad y protección, a mi zona de confort. Pero el reto presente abarca
salir adelante con todas las dificultades que ello implica.
Pero todos nos podemos cansar. Siento mucho usar estas
ideas como remanso para sentarme y reposar mientras pienso a dónde quiero ir,
qué quiero hacer, con quién quiero estar, qué hago en esta vida, reflexionar
sobre si estoy haciendo lo correcto. Una pausa para respirar hondo y de ser
posible recuperar energias.
Hace más de 16 años salí de la casa de mis padres para
empezar a luchar mi propia batalla, lejos del cobijo de mi cuarto, lejos del
abrazo familiar, lejos de una comida caliente, lejos de la comodidad. Y hoy
sigo lejos de mis juguetes de niño, lejos de mi madre que me avisa que ya está lista
la comida. Lejos de mi padre que me pide le ayude a componer algo en el taller.
Lejos de mi hermana para contarle mis confidencias. ¡Lejos! Con cada una de las
posibilidades que encierra el significado de esta palabra.
Hoy bajo la lluvia fui a comprar un poco de despensa para
poder conocinarme algo en esta tierra fria de Canadá. Y me puse a pensar en las
tantas veces en mi vida que he dormido en el suelo o pasado frio por no tener
con qué cubrirme. Y hoy sigo sintiendo frio en mis pies a miles de kilometros
muy al norte de la tierra que me vio nacer. Estoy comiendo sólo con mi celular
en mano para hacer menos silenciosa mi merienda. Y a la vez pensando que ya
pronto tendré que hacer la lavandería, aunque lo dejaré para mañana porque siendo
honesto después de un largo día en el trabajo ahora sólo pienso en acostarme en
mi cama y dormir.
Necesito un refugio. Un lugar donde pueda ser yo mismo, sin
pensar en las multiples complicaciones de ser YO en un mundo donde la sociedad,
el gobierno y hasta las religiones han sido creadas, extructuradas y planeadas
con una heteronormatividad palpante. No digo que mis amigos de antaño no me
respalden, o que mi familia no me apoye, o que me he sentido discriminado, no
para nada. Es sólo que a pesar de todo ese soporte en ocasiones recuerdo que
hay lugares en donde aún me ven raro si tomo de la mano a mi novio, paises como
el mio en donde podría ir a la carcel por “faltas a la moral” por besar en la
calle a alguien a quien amo o inclusive naciones en donde los castigos van
desde latigazos en Irán, prisión en Argelia y cadena perpetua
en Bangladesh hasta la pena capital en Irán, Mauritania, Arabia Saudita,
Sudán y Yemen. Sin mencionar las recientes atrocidades en Chechenia.
Necesito un refectorio. Si, un lugar donde pueda refrescarme, quitarme la
sed, secarme el sudor, sentarme bajo la sombra de un arbol y respirar. Un lugar
en donde con poco dinero me vendan unas aguas frescas y unas empanadas de pollo
con papa… pero sobretodo donde no tenga que pensar en las verduras y los
condimentos que tengo en casa para saber si podré cocinarme un sabor vagamente familiar.
Hace más de 10 años que dejé de ser misionero dentro de los
“Legionarios de Cristo” y hace más de 5 años que abandoné a la “Iglesia
Católica” por sus incongruencias. Hace muchos años que dejé de pedirle favores
a Dios con esa actitud egoista, bipolar y dual en la que conviven el “no me
desampares (miedos)” con el “hágase tu voluntad (conformismo)”. Aunque aún sigo
creyendo en un Dios como lo dice Jaime Sabines: “un viejo que no se toma en
serio”, pues le gusta jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso.
Un Dios que nos ha enviado a algunos tipos excepcionales
como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos
portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: NOS CONOCE. Sabe que el pez
grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el
hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú
ni yo- la vida, sea para siempre.
Cuando fui misionero recuerdo el respeto y el cariño que se
me profesaba, mucha gente me buscaba para pedirme consejo y yo con gusto me
ofrecía. Hoy en día mucha de esa gente ya no me habla e inclusive me he
enterado que me han vetado por no seguir siendo lo que ellos querían que yo
fuera. Me acostumbraron a ser lider y después me dejaron sólo para luchar con
mis puños desnudos. No pasa nada, he aprendido a ser más humilde y buscar
consejo reconociéndome humano. Y aquí seguimos valientes como nunca antes.
Si no has vivido sólo no podrás entender qué es NO tener a la palma de tu
mano a tu familia. Pero si te digo que se siente bien salir adelante. No podrás
entender que es la lejanía de la familia, la falta de amigos, la falta de
dinero, la falta de comodidades, la falta de alguien con quien platicar. Y
máxime si estás fuera de tu país, pues extrañas el idioma, la comida, la cultura,
el clima, tu habitualidad.
Basta ya de ideas agolpadas, hoy mejor me pongo a practicar
nuevos ritmos en la armónica que me he comprado y dejo que la música me arrulle
y me lleve a ver un nuevo día.
Buenas
noches.
Antonio
Imagen: "Dog Day Afternoon" By Steve Walker.
Frase:
“Cuando la vida me da golpes y me manda para el suelo, es cuando yo más siento
que tengo que levantarme. Que dar la cara al miedo, es una forma de vencerlo. No
voy a darme por vencido, no voy a darle mi vida el miedo. El miedo es un
asesino que mata los sentimientos” Juan
Esteban Aristizabal
Canción:
Jorge Drexler, Milonga del Moro Judio.
Video:
El árbol y el gato.
Conferencia: Dulces Son Los Frutos de la Adversidad | Karla Souza.
Película:
Documental “A sinner in Mecca”



